jueves, 23 de agosto de 2012

Tapetitos de ganchillo

Seguro que también han rodeado tu infancia, el respaldo del sofá y tu mesilla de noche. Seguro que también los veías como cosas de la abuela (de todas las abuelas), algo anacrónico y hortera (¡que jamás entraría en tu casa!), mientras la observabas tejiendo tapetes de ganchillo para cuando los nietas (sobre todo nietas) tuvieran su propia casa.



Pero ¡ay del pensamiento que nos pierde! De pronto alguien llega con algo que está hecho igual que los tapetes, que cumple la misma función que los tapetes, que se parece mucho a los tapetes, pero a lo que llama portavelas y ¡zas! Te encuentras con ellos en tu salón, tan feliz.



Luego cambias de casa y de colores, y resulta que este verano tienes un momento más azul, así que piensas “¿y no podría yo pintar los no-tapetes?”. 




Y pruebas, y resulta que no quedan mal, con un poco de imprimación primero, y spray (el oscuro) o pincel y paciencia (el claro), después.


Aún no he descubierto cómo conseguir este efecto endurecido del ganchillo, pero en cuanto lo haga, rescataré de los cajones unos cuantos tapetitos que llevan décadas esperando irse a mi casa, a la que nunca creí que entrarían. Y es que, últimamente, hasta me apetece aprender a tejer. Si nos vieran las abuelas...

Menos mal que todavía (o más bien, otra vez) hay gente que enseña a hacerlo.




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