jueves, 15 de noviembre de 2012

Sobre ruedas vintage: L'Eroica


¡Acabo de enterarme! Todos los días recorriendo con mi bici la ciudad, de casa al trabajo, y del trabajo a mil recados antes de regresar, de nuevo, a casa. Y me he enterado hace unos días de que ¡existe esta carrera! ¿Cómo es posible?



Una competición ciclista vintage, donde lo de menos es ganar ni la categoría en la que competir (tienen diferentes recorridos en función de la forma o la voluntad de los competidores) que, desde hace 15 años, cuando todavía muchos ni nos imaginábamos que nos iba a dar por este gusto por lo clásico, atraviesa la Toscana, partiendo de un pueblecito llamado Gailote; y con cuya existencia ha conseguido, además, preservar la de los caminos sin asfaltar que todavía vertebran la Toscana, convirtiéndolos en patrimonio inmaterial de la zona.







Es, en estos caminos, donde señoras adornadas con atuendos  una mezcla entre clásicos y peculiares, esperan a los corredores (o apasionados, como algunos se autodenominan) con deliciosos avituallamientos preparados a base de confituras caseras, prosciutto, higos y vino presentado en auténticas garrafas de época. ¿Quién no desearía participar en una carrera así?




¡Menudo descubrimiento! Yo no me la pienso volver a perder. Y como no creo que me dejen competir con mi pequeño vehículo (que poco a poco voy tuneando, para convertirlo en la extensión de mis propias piernas y de mi propio espíritu), por no cumplir todavía el requisito de vejez y clasicismo requerido, por mucho filtro fotográfico que le eche...




Tendré que hacerme con una clásica, y para ello, por supuesto, visitar los trasteros de amigos y familiares, a ver con qué me encuentro. Todo, por participar en esta apasionante carrera de bicis locas. ¿Cuento contigo?


fuentes: 

viernes, 2 de noviembre de 2012

Haciendo sillas

Así me pasé la mañana del sábado pasado. Haciendo mi primera silla (¡chispas!), en una nave enorme y preciosa, llena de flores y colores, aunque ya no era primavera. 

 Floristería VerdePimienta

La señita Yolanda, tapicera cuyos trabajos puedes ver aquí, fue la maestra que nos enseñó cómo convertir un bastidor y unas cuantas capas de espuma en un asiento que, milagrosamente, funciona como tal, tras mucho estirar cincha de yute y retor para un lado y para otro. 





Y entre tachuelas, calentamos la fría mañana a martillazos, y nos tomamos un té, y lo pasamos tan bien. Ahora sólo me falta decidir el soporte, y me rondan por la cabeza algunas cosas. ¿Alguna idea? 




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