miércoles, 15 de mayo de 2013

El cuento de nunca acabar



Fue la primera noche que T rechazó que le contase uno de mis cuentos. Hasta entonces, agradecía todas mis historias, mis metáforas y mis oxímorones. Con una sonrisa y un qué-bonito-amiga, se dejaba mecer al arrullo de sonidos desconocidos que sabía que a mi  me hacían sentir tan bien. Pero aquella noche dijo no, se remangó, me quitó los pinceles de las manos, y me aseguró que este cuento lo iba a contar ella. 



De momento, sólo lo ha empezado, pero tiene pinta de que va a ser tan maravilloso como las mil y una noches, y que aún queda mucho tiempo para que le pongamos un fin. Si es que los cuentos felices tienen fin.

domingo, 24 de marzo de 2013

Ganas de primavera



Ganas de que se quede el sol. De sentarme contigo en la terraza a tomarnos algo, o los que caigan. De tostarnos la nariz mirando estos primeros soles que queman, de ganas que le echan. De escuchar piar a los pájaros de vuelta, emigrados de estos fríos. De sacar los cachivaches fuera, los libros, algún libro, cualquier libro y leer un poco, y hacer las cosas de las manos con una lija, con un pincel, con la cera. Respirar muy profundo el aroma de las flores de tela de mi jardín de mentira, más real que yo misma durante estos días de espera.



La inspiración

domingo, 10 de marzo de 2013

Colorín colorado



Abrir las ventanas de par en tres. Respirar el aire añil. Mirar el sol amarillo a los ojos. Encerrarse de mentiras en el cuarto de los juegos. Buscar cocodrilos debajo de la hierba. Comerse una naranja con las manos, con los mofletes, con el sofá. Si tienes miedo a suspender, no hacer el examen. Salpicar de verde el suelo de las nubes. Teñir de magenta las gotas de los charcos. Llorar de reir a carcajadas. Besar, besar mucho. Pintar los días de colores.



Son los propósitos del nuevo año que, en esta casa, empieza hoy.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Sobre ruedas vintage: L'Eroica


¡Acabo de enterarme! Todos los días recorriendo con mi bici la ciudad, de casa al trabajo, y del trabajo a mil recados antes de regresar, de nuevo, a casa. Y me he enterado hace unos días de que ¡existe esta carrera! ¿Cómo es posible?



Una competición ciclista vintage, donde lo de menos es ganar ni la categoría en la que competir (tienen diferentes recorridos en función de la forma o la voluntad de los competidores) que, desde hace 15 años, cuando todavía muchos ni nos imaginábamos que nos iba a dar por este gusto por lo clásico, atraviesa la Toscana, partiendo de un pueblecito llamado Gailote; y con cuya existencia ha conseguido, además, preservar la de los caminos sin asfaltar que todavía vertebran la Toscana, convirtiéndolos en patrimonio inmaterial de la zona.







Es, en estos caminos, donde señoras adornadas con atuendos  una mezcla entre clásicos y peculiares, esperan a los corredores (o apasionados, como algunos se autodenominan) con deliciosos avituallamientos preparados a base de confituras caseras, prosciutto, higos y vino presentado en auténticas garrafas de época. ¿Quién no desearía participar en una carrera así?




¡Menudo descubrimiento! Yo no me la pienso volver a perder. Y como no creo que me dejen competir con mi pequeño vehículo (que poco a poco voy tuneando, para convertirlo en la extensión de mis propias piernas y de mi propio espíritu), por no cumplir todavía el requisito de vejez y clasicismo requerido, por mucho filtro fotográfico que le eche...




Tendré que hacerme con una clásica, y para ello, por supuesto, visitar los trasteros de amigos y familiares, a ver con qué me encuentro. Todo, por participar en esta apasionante carrera de bicis locas. ¿Cuento contigo?


fuentes: 

viernes, 2 de noviembre de 2012

Haciendo sillas

Así me pasé la mañana del sábado pasado. Haciendo mi primera silla (¡chispas!), en una nave enorme y preciosa, llena de flores y colores, aunque ya no era primavera. 

 Floristería VerdePimienta

La señita Yolanda, tapicera cuyos trabajos puedes ver aquí, fue la maestra que nos enseñó cómo convertir un bastidor y unas cuantas capas de espuma en un asiento que, milagrosamente, funciona como tal, tras mucho estirar cincha de yute y retor para un lado y para otro. 





Y entre tachuelas, calentamos la fría mañana a martillazos, y nos tomamos un té, y lo pasamos tan bien. Ahora sólo me falta decidir el soporte, y me rondan por la cabeza algunas cosas. ¿Alguna idea? 




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